22 de julio de 2026
INVESTIGADOR MAGALLÁNICO PARTICIPA EN ESTUDIO QUE ADVIERTE VACÍOS JURÍDICOS ANTE EL IMPACTO DE LAS MEGA CONSTELACIONES SATELITALES QUE TRANSITAN SOBRE ANTÁRTICA
El abogado de Punta Arenas Mario Esquivel Lizondo y la investigadora Marieta Valdivia Lefort publicaron un artículo en la Revista Derecho y Política Antártica de la Universidad de Chile. El trabajo analiza los riesgos ambientales del creciente tráfico espacial sobre las regiones polares y propone nuevas herramientas de gobernanza para proteger el continente blanco.

La expansión de las mega constelaciones satelitales está generando una problemática que hasta hace pocos años recibía escasa atención: ¿qué ocurre con los satélites cuando terminan su vida útil, reingresan a la atmósfera y liberan fragmentos, gases o partículas sobre zonas ambientalmente sensibles como la Antártica?
Este es el tema abordado por el abogado magallánico Mario Esquivel Lizondo y la investigadora chilena Marieta Valdivia Lefort en el artículo "Mega-constelaciones satelitales y el impacto ambiental asociado al tráfico espacial en la Antártica", publicado en el número 4 de la Revista Derecho y Política Antártica, perteneciente al Programa de Estudios Antárticos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
El trabajo tuvo su origen en una ponencia presentada por ambos autores durante la Sexta Conferencia Chilena de Derecho Antártico, realizada en Viña del Mar en noviembre de 2024. Su publicación fue destacada también por la Space Court Foundation, organización internacional dedicada al estudio de la gobernanza y el Derecho Espacial.
Mario Esquivel es abogado radicado en Punta Arenas, CEO de Magellan Space Industries y ex coordinador del Comité de Política, Institucionalidad y Entorno Legal de la Asociación Chilena del Espacio, ACHIDE. Marieta Valdivia desarrolla investigaciones en gobernanza espacial, sostenibilidad, políticas públicas y protección de los cielos oscuros.
La Antártica bajo las rutas del tráfico espacial
El crecimiento de las mega constelaciones de satélites en órbita terrestre baja ha transformado rápidamente el entorno espacial. Algunos sistemas pueden estar integrados por miles de unidades destinadas a comunicaciones, internet, meteorología y observación de la Tierra.
Una parte significativa de los satélites de observación utiliza órbitas polares o heliosincrónicas. Estas trayectorias permiten recorrer distintas áreas del planeta manteniendo condiciones similares de iluminación, lo que resulta especialmente útil para fotografiar la superficie terrestre, monitorear hielos, estudiar el clima y realizar cartografía.
Debido a su inclinación, estas órbitas pasan reiteradamente sobre las regiones polares. La Antártica y el océano Austral se convierten así en zonas de convergencia para satélites operados por distintos países y empresas.
El artículo señala que existirían más de 1.300 satélites situados bajo los 600 kilómetros de altitud en órbitas polares y heliosincrónicas, con una masa conjunta estimada en 842 toneladas. Estos objetos deberían reingresar a la atmósfera en menos de quince años y, en su mayoría, lo harían de manera descontrolada. Según el estudio, la Antártica representa aproximadamente un 13,7 % del área probable de reingreso e impacto correspondiente a dichas trayectorias.
Esto no significa que todos los objetos vayan a golpear intactos la superficie antártica. Muchos se desintegran durante el descenso, pero la materia que los compone no desaparece: puede transformarse en gases, partículas microscópicas y fragmentos resistentes capaces de alcanzar el suelo o el océano.
Riesgos ambientales todavía poco estudiados
Los autores advierten que investigaciones recientes han relacionado la destrucción de satélites durante el reingreso con la generación de compuestos de aluminio en las capas altas de la atmósfera. Algunas simulaciones plantean que los óxidos de aluminio podrían intervenir en procesos químicos asociados al deterioro de la capa de ozono y esto es especialmente relevante respecto a las mega constelaciones si se considera que actualmente el 92% de los satélites que han reingresado a la atmósfera el año 2026 fueron puestos en órbita entre los años 2019 y 2020 por empresas proveedoras de internet.
El artículo no presenta estos efectos como un daño completamente comprobado para la Antártica. Por el contrario, reconoce que todavía existe poca investigación específica y que se requieren más antecedentes científicos.
Sin embargo, la falta de certeza absoluta no elimina la necesidad de prevención. La multiplicación de satélites y la reducción de su vida útil pueden convertir los reingresos, antes relativamente ocasionales, en un fenómeno continuo y acumulativo.
El problema tampoco se limita a la posible caída visible de una pieza metálica. Comprende la dispersión de partículas en la atmósfera, la contaminación localizada, el impacto sobre ecosistemas especialmente frágiles y las dificultades para encontrar e identificar restos espaciales en zonas remotas.
Un vacío entre el Derecho Espacial y el Sistema Antártico
Uno de los principales aportes del artículo consiste en conectar dos ámbitos jurídicos que hasta ahora han avanzado de manera separada: el Derecho Espacial Internacional y el Sistema del Tratado Antártico.
El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 establece principios de cooperación, responsabilidad estatal y prevención de la contaminación. No obstante, fue diseñado principalmente para regular las actividades en el espacio y evitar la contaminación de cuerpos celestes o la introducción de materia extraterrestre en la Tierra.
No regula de forma suficiente la contaminación terrestre provocada por objetos fabricados por el ser humano que regresan desde la órbita.
Por su parte, el Convenio sobre Responsabilidad por Daños Causados por Objetos Espaciales establece que el Estado lanzador responde por los daños provocados en la superficie terrestre. Este sistema funciona con mayor claridad cuando el objeto cae dentro del territorio de un Estado y afecta personas, bienes o instalaciones.
La situación de la Antártica es más compleja. No existe allí un gobierno territorial soberano que pueda reclamar directamente una indemnización por daño ambiental puro. Esto deja una zona de incertidumbre respecto de quién debe representar los intereses del continente cuando el perjuicio afecta al ecosistema, pero no necesariamente a una persona o instalación determinada.
El Protocolo de Madrid protege ambientalmente la Antártica y contempla zonas especialmente protegidas o administradas. Sin embargo, estas categorías fueron concebidas principalmente para expediciones, instalaciones, turismo, vuelos y actividades desarrolladas físicamente en el continente, no para gestionar objetos provenientes del espacio.
Una propuesta de protección especial
Frente a este vacío, Esquivel y Valdivia proponen estudiar la creación de una Zona Antártica Especialmente Administrada para la gestión de desechos espaciales y reingresos atmosféricos.
La propuesta considera dos obligaciones principales: que los Estados participantes del Sistema del Tratado Antártico y que a la vez sean Estados de Registro del objeto espacial, retiren los objetos espaciales que caigan en el continente y que se evite utilizar deliberadamente la región como zona de reingreso controlado.
La medida no pretende regular el tránsito de satélites en el espacio ultraterrestre ni restringir la exploración espacial. Su objetivo sería regular los efectos ambientales que se producen cuando un objeto vuelve a ingresar en la atmósfera y alcanza el territorio o las aguas antárticas.
Una regulación futura podría incorporar sistemas de alerta, intercambio de información orbital, identificación del Estado de Registro y de Lanzamiento, evaluación de riesgos, búsqueda de fragmentos y financiamiento de las operaciones de retiro.
Una discusión estratégica para Magallanes
La publicación tiene especial importancia para Magallanes, principal puerta de entrada chilena hacia la Antártica y región que concentra capacidades científicas, logísticas, marítimas y aeronáuticas vinculadas al continente.
Punta Arenas podría desempeñar un papel relevante en el monitoreo de reingresos, la recepción de datos satelitales, la investigación de partículas atmosféricas y la elaboración de protocolos para identificar restos de objetos espaciales.
Desde el punto de vista internacional, Chile también podría impulsar esta discusión tanto en las reuniones del Sistema del Tratado Antártico como en los organismos de Naciones Unidas dedicados al uso pacífico del espacio ultraterrestre.
Para los autores, la sustentabilidad espacial no puede reducirse a evitar colisiones entre satélites. Debe considerar todo su ciclo de vida: lanzamiento, operación, desorbitación, reingreso y destino final de sus materiales.
La Antártica representa un caso especialmente sensible. Es uno de los territorios más protegidos del planeta, pero aún carece de herramientas específicas para enfrentar daños ambientales originados por el creciente tráfico espacial.
La investigación publicada por la Universidad de Chile pone esta problemática sobre la mesa y abre una oportunidad para que Magallanes se proyecte no solo como puerta logística hacia la Antártica, sino también como un centro de conocimiento y propuestas sobre gobernanza espacial y protección ambiental.
El fenómeno se extenderá desde la mañana del martes 21 hasta la mañana del jueves 23 de julio
El fenómeno se extenderá desde la mañana del martes 21 hasta la mañana del jueves 23 de julio





































































































































































